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Artículo: La nariz del perfumista: anatomía de un oficio

Tiras de papel olfativo utilizadas por el perfumista para evaluar materias primas y modificaciones de fórmula durante el proceso de composición.

La nariz del perfumista: anatomía de un oficio

Hay cifras que circulan sobre el oficio del perfumista que sirven para entender su singularidad. Se dice habitualmente que hay menos de quinientos perfumistas profesionales activos en el mundo. La cifra real es probablemente más alta si se cuentan los perfumistas industriales sin reconocimiento público, pero el orden de magnitud es correcto: estamos hablando de un oficio extraordinariamente pequeño, comparable en número a otras disciplinas de alta especialización como la sumillería de élite o la restauración de óleo antiguo.

Pero el número no es lo más interesante. Lo interesante es cómo se llega a serlo, qué hace realmente un perfumista cuando trabaja, y qué tipo de oficio se ha construido alrededor de una capacidad sensorial que la mayoría de personas comparte sin haberla cultivado.

La formación: ISIPCA, escuelas internas y el método Carles

La formación moderna del perfumista pasa por dos vías principales.

La primera es la formación institucional. El Institut Supérieur International du Parfum, de la Cosmétique et de l’Aromatique Alimentaire, conocido por sus siglas ISIPCA, se fundó en Versalles en 1970. Es la escuela más prestigiosa del oficio. Selecciona unos pocos estudiantes por promoción, exige formación química previa, y forma durante varios años en composición, química olfativa, marketing y gestión. Sus egresados ocupan posiciones técnicas en las principales casas de aromas.

La segunda vía es la formación interna en las grandes casas. Givaudan, Firmenich, IFF, Symrise y Mane tienen sus propias escuelas de perfumería, generalmente más pequeñas y más selectivas que ISIPCA. Estas escuelas forman específicamente a los perfumistas que después trabajarán para esas casas. El acceso es por invitación directa o por selección extremadamente competitiva.

Independientemente de la vía, el corazón pedagógico del oficio sigue siendo el método estructurado por Jean Carles a mediados del siglo XX. Carles, perfumista francés vinculado a Roure (hoy parte de Givaudan), formalizó por primera vez una progresión sistemática: el estudiante aprende primero a reconocer materias primas individuales, después acordes simples, después acordes complejos, finalmente composición completa. Este método sigue siendo la columna pedagógica de prácticamente todas las escuelas modernas.

La formación completa, en cualquiera de las vías, requiere entre seis y diez años antes de que el alumno componga fórmulas que lleguen al mercado.

Las dos carreras: corporativo o independiente

Una vez formado, el perfumista profesional toma una de dos rutas claramente distintas.

La ruta corporativa es la más habitual. El perfumista entra a trabajar en una casa de aromas, donde compone fórmulas para clientes que son las grandes marcas perfumísticas. El perfumista corporativo recibe briefs comerciales: una marca quiere un perfume femenino, oriental, con presupuesto X, dirigido al mercado Y, con concentración Z. El perfumista compone propuestas, las presenta, recibe modificaciones, vuelve a componer. La aprobación final la toma el cliente, no el perfumista. Buena parte de los grandes perfumes comerciales del siglo XX se han creado de esta manera.

La ruta independiente es minoritaria pero culturalmente más visible. El perfumista independiente firma sus composiciones bajo su nombre, frecuentemente con casas que respetan su libertad creativa. Edmond Roudnitska fue uno de los primeros perfumistas modernos en establecer este modelo, con Art et Parfum desde 1946. Hoy, perfumistas como Bertrand Duchaufour, Mathilde Laurent, Christine Nagel o Jean-Claude Ellena han trabajado bajo este modelo en distintas etapas de sus carreras.

La diferencia entre las dos rutas no es de calidad técnica, es de identidad pública. El perfumista corporativo trabaja en el anonimato profesional. El perfumista independiente trabaja con firma visible.

El trabajo real: del laboratorio a la fórmula

¿Qué hace un perfumista cuando trabaja?

El trabajo cotidiano combina tres actividades: oler, calcular y modificar.

Oler significa entrenar la memoria olfativa con materias primas conocidas (entre quinientas y dos mil moléculas según el nivel del perfumista) y reconocerlas en composiciones desconocidas. Un perfumista experto puede identificar la composición aproximada de una fragancia con varias horas de análisis sobre piel.

Calcular significa escribir fórmulas en unidades de peso, con proporciones que van desde gramos para materias primas baratas hasta miligramos para naturales caros. Una fórmula tipo de prestigio puede contener entre cuarenta y cien materias primas distintas. Una composición minimalista contemporánea puede tener entre quince y treinta.

Modificar significa iterar. Una composición rara vez sale bien al primer intento. El perfumista compone una versión inicial, la huele tras unas horas, ajusta proporciones, vuelve a componer, vuelve a oler. Una fragancia comercial puede pasar por entre treinta y trescientas iteraciones antes de la versión final.

Los dos arquetipos: artista o técnico

Históricamente, el oficio ha producido dos arquetipos narrativos que conviven con dificultad.

El primero es el perfumista artista. Esta figura se construye a partir de Edmond Roudnitska y sus escritos teóricos. El perfumista artista es autor con criterio propio, defiende su composición frente a presión comercial, escribe sobre el oficio, reivindica la perfumería como arte mayor. Su modelo es el compositor musical o el escritor.

El segundo es el perfumista técnico. Esta figura es más antigua y menos romántica. El perfumista técnico ejecuta briefs con habilidad, no busca firma personal, prefiere el trabajo riguroso al reconocimiento. Su modelo es el ingeniero o el artesano. Históricamente, la mayoría de perfumistas profesionales han pertenecido a este arquetipo.

Ningún arquetipo es superior. Son maneras distintas de habitar el mismo oficio. La perfumería nicho contemporánea ha tendido a celebrar al primer arquetipo, lo que ha producido un sesgo cultural que invisibiliza a los técnicos de gran capacidad. La perfumería industrial ha tendido a celebrar al segundo, lo que ha producido un anonimato injusto sobre algunos de los grandes nombres del oficio.

El estado actual del oficio

La perfumería contemporánea atraviesa una transformación significativa. La consolidación de las grandes casas de aromas ha reducido el número de posiciones independientes. La regulación IFRA ha estrechado el rango de materias primas disponibles. La presión comercial sobre las grandes marcas ha acortado los tiempos de desarrollo desde varios años hasta varios meses en muchos casos.

Paralelamente, la perfumería nicho ha creado un nuevo espacio profesional. Casas independientes, frecuentemente pequeñas, contratan perfumistas con libertad creativa amplia. Este modelo, todavía minoritario en términos de volumen de mercado, ha producido algunas de las composiciones más interesantes de las últimas dos décadas.

Una manera de mirar

Conocer al perfumista detrás de una fragancia no es esnobismo. Es la manera más directa de entender lo que estamos oliendo. Cada composición es la decisión de una persona específica, con una formación específica, con una sensibilidad específica, trabajando con materias primas concretas en un momento histórico concreto.

La perfumería seria reconoce esa autoría. La perfumería que se construye sobre el anonimato del perfumista suele ser, también, perfumería que se construye sobre la indiferencia hacia la materia prima.

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