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Ernest Beaux

Ernest Beaux (1881-1961)

En 1921, una composición lanzada por una pequeña casa de moda parisina cambió silenciosamente el lenguaje de la perfumería. Se llamaba simplemente N°5. Su autor, Ernest Beaux, era un perfumista ruso-francés casi desconocido fuera de los círculos profesionales. Un siglo después, su composición sigue produciéndose, sigue vendiéndose y sigue siendo la fragancia más reconocida del mundo.

N°5 no es solo un éxito comercial sostenido. Es la pieza que estableció una familia olfativa entera —el floral aldeídico— y que cambió la manera en que un perfume podía oler.

Una biografía de novela

Ernest Beaux nace en Moscú en 1881, hijo de un maestro perfumero francés que dirige los laboratorios de Alphonse Rallet & Cie, una de las casas de cosmética y perfumería más importantes de la Rusia imperial. Crece entre San Petersburgo y Moscú, en un entorno donde el francés y el ruso conviven, y donde el oficio de la perfumería se aprende desde la infancia.

En 1898 entra a trabajar en la propia Rallet, donde se forma técnicamente bajo la dirección de su predecesor Auguste Michel. En 1907 firma su primera composición importante, Bouquet de Napoléon, conmemorativa del centenario del encuentro de Tilsit entre Napoleón y el Zar Alejandro I. La fragancia tiene éxito. La carrera de Beaux despega.

En 1912 lanza Bouquet de Catherine, en homenaje a Catalina la Grande. Es una composición floral aldeídica embrionaria —utiliza ya pequeñas cantidades de aldeídos alifáticos— que prefigura conceptualmente lo que vendrá una década después con N°5.

Pero la historia interrumpe el desarrollo. La Revolución de 1917 obliga a la familia Beaux a abandonar Rusia. Ernest combate como oficial del ejército blanco durante la Guerra Civil, y en 1919 emigra definitivamente a Francia. Se establece en Grasse, donde la firma matriz de Rallet había trasladado parte de sus operaciones.

El encuentro con Chanel

En el verano de 1920, en La Bocca, cerca de Cannes, Coco Chanel conoce a Ernest Beaux a través del Gran Duque Dimitri Pavlovich, primo del último zar y entonces pareja de Chanel. Le encarga la composición de un perfume que represente lo que ella busca: una fragancia que no huela a flores, que tenga abstracción, que sea reconocible como composición y no como imitación.

Beaux le presenta diez muestras numeradas, divididas en dos series: del 1 al 5 y del 20 al 24. Chanel elige la quinta. La composición conserva el número como nombre.

N°5 se lanza comercialmente en 1921. Su construcción rompe varios códigos a la vez. Utiliza aldeídos alifáticos —principalmente C-10, C-11 y C-12 (undecanal)— en una concentración inédita hasta entonces, alrededor del 1% de la fórmula, cuando lo habitual era una décima parte de eso. El bouquet floral combina rosa de mayo de Grasse, jazmín de Grasse, ylang-ylang, neroli e iris, todos ellos a niveles de calidad excepcional. El fondo combina vetiver, sándalo, ámbar gris, almizcle y vainilla.

El resultado es un perfume que no se parece a ningún otro perfume floral anterior. Las flores están ahí, pero envueltas por un velo aldeídico que las hace abstractas, casi metálicas, ligeramente jabonosas. La impresión olfativa es de algo limpio y lujoso a la vez. Una flor que parece haber sido pulida.

Existe una hipótesis biográfica sobre el origen estético de los aldeídos en N°5: durante su servicio militar en el círculo polar ártico ruso entre 1917 y 1919, Beaux habría notado el carácter aldeídico del aire frío sobre la nieve, esa cualidad limpia y casi efervescente que tiene el aire en latitudes muy frías. La hipótesis es seductora pero difícilmente verificable. En cualquier caso, la sensación olfativa que produce N°5 sí evoca aquel registro: limpieza, frialdad, abstracción.

Las otras composiciones para Chanel

Beaux firma para Chanel toda la primera serie de fragancias de la casa, en colaboración estrecha con Coco a lo largo de los años veinte. Tres merecen mención específica.

Cuir de Russie (1924) es la respuesta de Beaux a la tradición de los perfumes de cuero del siglo XIX. Construido sobre abedul, cuero, iris, jazmín y tabaco, es uno de los grandes perfumes de cuero de la historia y referencia obligatoria de la familia. Su estructura ha sido imitada decenas de veces sin ser igualada.

Bois des Îles (1926) es probablemente el perfume de sándalo arquetípico del siglo XX. Construido sobre sándalo de Mysore en concentración alta, ylang-ylang, rosa, aldeídos y benjúí, establece el modelo de los amaderados-orientales que vendrán después.

Gardénia (1925) completa la serie inicial: un soliflor floral construido íntegramente con materiales sintéticos —ya que la gardenia, como el muguete, no es destilable— que demuestra la maestría técnica de Beaux con las moléculas de aroma.

Lo que aporta técnicamente

La importancia de Ernest Beaux puede resumirse en tres aportaciones:

  • El aldeído alifático como herramienta poética. Antes de Beaux, los aldeídos eran moléculas auxiliares, usadas en pequeñas cantidades por su efecto reforzante. Después de Beaux, se convierten en protagonistas de composiciones enteras. La familia floral aldeídica nace con N°5.
  • La integración del lujo en la materia prima. Beaux trabaja con calidades excepcionales de jazmín de Grasse, rosa de mayo, sándalo de Mysore. Demuestra que el aldeído no sustituye al natural sino que lo realza, lo eleva, lo hace abstracto.
  • La composición como construcción autónoma. En la línea de Aimé Guerlain pero con mayor radicalidad, Beaux concibe el perfume como objeto olfativo independiente del mundo natural. N°5 no representa una flor concreta. Es una flor que solo existe en el frasco.

El legado

Ernest Beaux dirige los laboratorios de Chanel hasta su retirada en 1954. Se establece en Suresnes, donde fallece en 1961. Su trabajo posterior incluye composiciones menores para Bourjois y otras casas, pero su obra mayor permanece inscrita en la primera década con Chanel.

La descendencia olfativa de N°5 es prácticamente toda la perfumería floral aldeídica del siglo XX: Arpège de Lanvin (1927), Madame Rochas (1960), Calandre de Paco Rabanne (1969), Rive Gauche de Yves Saint Laurent (1971), First de Van Cleef & Arpels (1976), White Linen de Estée Lauder (1978). Todas ellas son hijas conceptuales de N°5. Todas ellas son, en cierta medida, perfumes de Beaux.

Pocas composiciones en la historia de cualquier disciplina artística han fundado una familia entera. Bach lo hizo con la fuga. Picasso con el cubismo. Beaux lo hizo con el aldeído.