Germaine Cellier
Germaine Cellier (1909-1976)
Durante las décadas en que la perfumería estaba dominada casi exclusivamente por hombres, una sola mujer firmó algunas de las composiciones más radicales de su tiempo. Germaine Cellier no fue solo la primera gran perfumista mujer de la era moderna. Fue una de las pocas creadoras de cualquier oficio que utilizó la materia prima sintética con una violencia comparable a la de un pintor que decide trabajar con un único color saturado.
Sus tres grandes composiciones —Vent Vert, Bandit y Fracas— fundan tres subgéneros olfativos diferentes. Pocos perfumistas, hombres o mujeres, han hecho tanto en tan poco tiempo.
Una formación distinta
Germaine Cellier nace en Burdeos en 1909, en una familia burguesa con vínculos en el sur de Francia. A diferencia de prácticamente todos los grandes perfumistas de su generación, no se forma en Grasse ni en una casa de aromas. Estudia química industrial en la Escuela de Química de Lyon, una formación atípica para la perfumería de la época, y se incorpora a Roure Bertrand Dupont —la misma casa de aromas donde trabajaba Jean Carles— en los años treinta.
Esta formación química le da una relación distinta con la materia prima sintética. Mientras la mayoría de perfumistas de su tiempo conciben las moléculas sintéticas como complementos discretos a los naturales, Cellier las concibe como protagonistas legítimos, capaces de sostener una composición entera. Esta diferencia de aproximación se nota inmediatamente en su trabajo.
Tenía además, según numerosos testimonios contemporáneos, un carácter difícil. Era directa, mordaz, intolerante con el oportunismo comercial. Discutía con casas y directores creativos. Defendía sus composiciones con la misma firmeza con la que las concíbia. Esta independencia de criterio —rara en cualquier época, especialmente para una mujer en la perfumería de los años cuarenta— es probablemente lo que le permitió firmar las piezas que firmó.
Bandit, 1944
Robert Piguet, modisto suizo establecido en París, le encarga durante la ocupación alemana una fragancia para presentar en su desfile de primavera. Cellier responde con Bandit, una composición chipre-cuero construida sobre una intensidad inédita.
Bandit utiliza isobutil quinoleína —una molécula sintética de carácter intensamente cuero, de color amarillo oscuro, con un olor entre tinta china, asfalto y cuero negro— en una proporción que ningún perfumista anterior había osado utilizar. La combina con gálbano (verde amargo), absolutos de jazmín y de jara, vetiver y un musgo de roble denso. El resultado es un perfume que en su época resulta escandalosamente masculino para una composición femenina, casi agresivo.
Existe una anécdota documentada sobre el lanzamiento. En el desfile de presentación, las modelos llevaron el perfume aplicado en exceso. Una de ellas, según Piguet, llevaba además “un pequeño revólver de juguete en la liga”. El nombre Bandit se decidió en aquel momento. La leyenda comercial, en este caso, se acerca probablemente a los hechos.
Bandit es la pieza con la que Cellier inaugura el subgénero del chipre cuero femenino — territorio que continuarán Cabochard de Grès (1959), Aramis (1965) en clave masculina y, mucho después, casi toda la perfumería cuero del nicho contemporáneo.
Vent Vert, 1947
Tres años después, para Pierre Balmain, Cellier compone Vent Vert. Si Bandit fue intensidad oscura, Vent Vert es intensidad verde.
La composición utiliza gálbano —una resina de carácter intensamente verde, herbáceo, casi punzante— en una proporción superior al ocho por ciento de la fórmula. Es una concentración inédita en perfumería, y produce un efecto olfativo de pradera recién cortada, con una violencia vegetal que ningún perfume floral anterior había alcanzado. La acompañan rosa, jazmín, jacinto, neroli y musgo, pero el verde domina toda la composición.
Vent Vert funda el subgénero del floral verde. Composiciones posteriores como Chamade de Guerlain (1969), Cristalle de Chanel (1974), Estée de Lauder (1969) o, más recientemente, las composiciones verdes de Hermès, son hijas conceptuales directas de la pieza de Cellier.
Fracas, 1948
Cierra la trilogía mayor con Fracas, también para Piguet. Si Bandit es chipre y Vent Vert es verde, Fracas es el perfume blanco máximo.
Construido sobre un acorde central de tuberosa y gardenia —dos de las flores blancas más densas y narcóticas del repertorio olfativo— y sostenido por jazmín, neroli, almizcle y sándalo, Fracas es la composición tuberosa-gardenia arquetípica del siglo XX. Su densidad floral es casi opresiva, deliberadamente excesiva, sin la moderación que otras composiciones florales de la época observaban.
Fracas funda el subgénero de los florales blancos opulentos que continuará después con composiciones como Joy de Patou en su faceta más densa, Carolina Herrera (1988), Tubéreuse Criminelle de Serge Lutens (1999) y, en clave nicho, todo el territorio actual de las tuberosas radicales.
Otras composiciones y trabajos
Cellier firma además otras piezas relevantes: Coeur Joie para Nina Ricci (1946), presentada en el frasco Lalique que es uno de los iconos del envasado del siglo; Visa para Robert Piguet (1945); Monsieur Balmain (1964); composiciones para Schiaparelli, Lanvin y otras casas. Su catálogo total supera la treintena de fragancias firmadas.
Trabajó hasta el final de los años sesenta. Se retiró sin gran ruido y falleció en 1976, sin haber recibido en vida el reconocimiento mediático que su obra merecía.
Lo que aporta técnicamente
La importancia de Germaine Cellier puede resumirse en tres aportaciones:
- El uso protagonista de la molécula sintética disruptiva. Antes de Cellier, las moléculas sintéticas con carácter fuerte —como la isobutil quinoleína— se utilizaban con discreción. Después de Cellier, pueden ser el corazón mismo de una composición.
- La intensidad como decisión editorial. Cellier rechaza la moderación como virtud automática. Cada una de sus tres grandes composiciones empuja una idea olfativa hasta el límite de lo soportable. Esta estética de la intensidad influye en toda la perfumería radical posterior, particularmente en el nicho contemporáneo.
- La fundación de tres subgéneros distintos en cuatro años. Bandit (chipre cuero), Vent Vert (floral verde) y Fracas (floral blanco opulento) abren tres territorios olfativos que siguen produciendo composiciones nuevas ochenta años después.
El legado
El reconocimiento contemporáneo de Germaine Cellier ha crecido considerablemente desde los años dos mil. Libros de historia de la perfumería —notablemente The Perfect Scent de Chandler Burr y los trabajos de la revista Nez— han recuperado su figura del segundo plano en el que la había dejado la historiografía masculina del oficio. Hoy se la considera, con justicia, una de las grandes perfumistas del siglo XX, sin necesidad de adjetivos correctivos.
Su influencia sobre la perfumería nicho contemporánea es probablemente mayor que la de cualquier otro perfumista de su generación, con la posible excepción de Roudnitska. Casas como Serge Lutens, Frédéric Malle o Etat Libre d’Orange han trabajado abiertamente en el territorio que Cellier abrió: la composición intensa, sin pudor, sin búsqueda de aceptabilidad universal, con una idea olfativa fuerte sostenida hasta el final.
Cellier no compuso para gustar. Compuso para imponerse. Y la perfumería seria, ochenta años después, sigue reconociendo su voz.