Jean Carles
Jean Carles (1892-1966)
En la historia de la perfumería del siglo XX hay perfumistas que se recuerdan por sus fragancias y otros que se recuerdan por lo que enseñaron. Jean Carles pertenece a una categoría rara: figura entre los dos. Fue autor de algunas de las composiciones más vendidas de su tiempo —Tabu, Ma Griffe, Canoe, Shocking de Schiaparelli— y al mismo tiempo el pedagógo que estructuró el aprendizaje moderno del oficio. Su método sigue enseñándose hoy en escuelas de perfumería de todo el mundo.
Si Aimé Guerlain abrió la perfumería moderna y Coty la industrializó, Jean Carles enseñó a la siguiente generación cómo se aprende.
Formación y trayectoria
Jean Carles nace en Manosque, Provenza, en 1892. Se forma en los laboratorios de Roure Bertrand Dupont —una de las grandes casas de aromas francesas del siglo XX, con sede en Grasse— donde llegará a ser director técnico. Allí desarrolla la mayor parte de su carrera como perfumista profesional, firmando composiciones para casas que externalizaban la creación, fórmula habitual entonces en la perfumería de prestigio.
Su lista de composiciones es extensa. Las que han permanecido en la memoria del oficio son varias y cubren décadas:
Tabu (Dana, 1932) es un oriental especiado denso, construido sobre pachulí, ámbar, jazmín, ylang-ylang y vainilla, con un fondo animalizado de civeta. Diseñado a partir de un brief explícito —“un perfume de prostituta”, según la leyenda comercial—, Tabu es uno de los grandes éxitos comerciales del siglo XX y referencia de la familia oriental popular.
Shocking (Schiaparelli, 1937) es una composición floral-oriental con miel, ciruela, civeta y especias, diseñada para acompañar la audacia visual de Elsa Schiaparelli. El frasco —diseñado por Léonor Fini con la silueta del torso de Mae West— es uno de los hitos del envasado modernista.
Ma Griffe (Carven, 1946) es un chipre verde, una rareza en su época. Construido sobre gálbano, jazmín, jara, vetiver y musgo de roble, Ma Griffe inaugura el subgénero del chipre verde-floral que continuará con composiciones como Miss Dior y, mucho después, Cristalle de Chanel.
Miss Dior original (1947) la co-firma con Paul Vacher para la primera fragancia de la casa Dior. Es un chipre verde con una densidad floral inédita, lanzado el mismo año del New Look. La composición establece el lenguaje olfativo de Dior antes de la llegada de Roudnitska.
Canoe (Dana, 1936) es un fougère masculino con lavanda, geranio, cumarina y musgo, todavía en producción y referente de los fougères populares.
El método Carles
La aportación más duradera de Jean Carles, sin embargo, no son sus fragancias sino su pedagogía.
Hasta los años cuarenta, el aprendizaje del perfumista era transmisión informal: un aprendiz entraba en una casa de aromas, oía a su maestro durante años, y eventualmente desarrollaba criterio propio. No había método estructurado. No había libros de texto. La progresión dependía del talento individual y de la generosidad del maestro.
Carles formaliza por primera vez un sistema de aprendizaje progresivo basado en tres principios:
- El estudio sistemático por familias olfativas. Carles agrupa las materias primas en categorías —cítricas, florales, amaderadas, aromáticas, ambaradas, especiadas, animálicas— y propone aprenderlas por bloques antes de mezclarlas. La clasificación moderna de familias olfativas debe a Carles más de lo que reconoce.
- La progresión por concentración. Su método propone empezar por composiciones de pocos ingredientes y aumentar progresivamente la complejidad. Un alumno empieza con dos o tres materias primas, después cinco, después diez, y así sucesivamente.
- El entrenamiento de la memoria olfativa. Carles defiende que el oficio se construye sobre una biblioteca mental de aromas reconocibles, accesible mentalmente sin necesidad de oler físicamente la materia prima. Esta capacidad —que él mismo demostraría hasta extremos sorprendentes, como veremos— es para Carles la diferencia entre un técnico y un perfumista.
En 1946, Carles funda en Grasse la primera escuela formal de perfumería del mundo, Roure Perfumery School, integrada en su empresa. La escuela formará a varias generaciones de perfumistas franceses durante las décadas siguientes y servirá de modelo para todas las escuelas posteriores —incluyendo la actual ISIPCA en Versalles, abierta en 1970.
La pérdida del olfato
Hacia el final de su carrera, Jean Carles pierde progresivamente el olfato. Para un perfumista, esto debería ser el final del oficio. No lo fue.
Carles continuó componiendo durante años, basándose en la memoria olfativa entrenada que él mismo había teorizado: el conocimiento mental de cómo huelen las materias primas, cómo se combinan, cómo evolucionan, almacenado en la memoria como un músico interno almacena los sonidos sin necesidad del instrumento. Componía las fórmulas sobre el papel, las pasaba a sus asistentes para que las prepararan, y juzgaba el resultado por la lectura de la fórmula y por la descripción de quienes podían oler.
Es uno de los casos más extremos documentados de la profundidad técnica del oficio, y la mejor demostración posible de que la perfumería seria es un trabajo intelectual además de sensorial.
El legado
Jean Carles muere en 1966. Su hijo Marcel Carles continúa el trabajo en Roure y firma composiciones de prestigio durante las décadas siguientes. La escuela de Grasse evoluciona, cambia de manos varias veces y sigue formando perfumistas hasta hoy.
El método Carles es el sistema pedagógico básico que todas las escuelas de perfumería contemporáneas —ISIPCA, Givaudan Perfumery School, Robertet, Firmenich, IFF— utilizan en alguna versión adaptada. Cada perfumista profesional formado en los últimos cincuenta años ha estudiado, directa o indirectamente, según el método de Carles.
Su nombre no figura en las primeras filas del reconocimiento mediático. No firmó la fragancia más famosa del mundo ni rompió las convenciones más visiblemente. Pero estructuró el oficio. Y sin esa estructura, casi todo lo que vino después habría sido más difícil.
Hay perfumistas que se recuerdan por una composición. Hay perfumistas que se recuerdan por una idea. Jean Carles se recuerda por haber enseñado a varias generaciones a pensar.