
La perfumería del Mediterráneo: Italia, España, Marruecos
Hay un territorio olfativo que la historia de la perfumería ha tratado siempre como periferia. No por falta de materias primas, ya que el Mediterráneo es uno de los ecosistemas más ricos del mundo en plantas aromáticas. No por falta de cultura, dado que el uso del incienso, la rosa, el azahar y las resinas en el mundo mediterráneo precede a la perfumería francesa por siglos. Sino porque la narrativa dominante del lujo perfumístico se construyó en París, y París tendió a mirar hacia el sur como proveedor de materias primas, no como interlocutor cultural.
Esa narrativa está cambiando. Y la perfumería nicho contemporánea es uno de los motores del cambio.
Italia: la tradición que nunca se fue
Italia tiene una relación con la perfumería que precede en siglos a la industria francesa. La acqua mirabile producida en Colonia en el siglo XIV, origen histórico del agua de colonia, se desarrolla en un contexto cultural italiano-germánico. La tradición florentina de aguas perfumadas tiene documentación que llega al siglo XIII. Y la conexión entre Catalina de Médici y la corte francesa, que mencionamos al hablar de Grasse, es el vector por el que buena parte del conocimiento perfumístico italiano llega al norte de los Alpes.
La perfumería italiana contemporánea tiene dos registros distintos que conviven con dificultad.
Por un lado, la tradición de las acqua di colonia y las fragancias frescas cítricas: bergamota de Calabria, limón de Sicilia, naranja amarga, neroli. Estas son materias que las casas italianas han trabajado durante generaciones con una ligereza y una elegancia que la perfumería francesa nunca ha terminado de imitar. Acqua di Parma, en sus composiciones originales, es el ejemplo más conocido de este registro: fragancias que huelen a luz mediterránea, a mármol fresco, a jardín en la mañana.
Por otro lado, el nicho italiano contemporáneo ha producido casas de primer nivel con una voz propia e inconfundible. Profumum Roma, con sus composiciones densas y resinosas inspiradas en el incienso litúrgico y las materias primas orientales que llegaban a Roma a través de las rutas de comercio antiguas. Bogue Profumo, con las composiciones de Antonio Gardoni que trabajan el cuero y los materiales animálicos con una intensidad que recuerda a Germaine Cellier. Orto Parisi, con Alessandro Gualtieri explorando territorios corporales y fermentados que la perfumería convencional evita sistemáticamente.
El nicho italiano tiene en común una cierta radicalidad sin pretensiones. No busca la elegancia parisina ni la opulencia árabe. Busca algo más difícil de definir: una relación directa con la materia, sin mediación retórica.
España: un territorio en construcción
España tiene materias primas perfumísticas extraordinarias. La jara (Cistus ladanifer) que crece en Extremadura y Andalucía produce el ládano, una de las resinas más complejas y valiosas de la perfumería clásica. El azahar de Sevilla y Valencia, flor del naranjo amargo (Citrus aurantium), produce el neroli y el petitgrain con perfiles que los productores norteafricanos no replican exactamente. La lavanda de Castilla tiene un perfil más rústico y campestre que la lavanda de Provenza, pero igualmente interesante para composiciones que buscan esa textura. El romero, el tomillo, la menta silvestre del Mediterráneo occidental son materias primas con historia en la tradición herborista española que la perfumería ha utilizado poco.
Lo que España ha producido en términos de casas de perfumería nicho es modesto en cantidad pero interesante en propuesta. Carner Barcelona trabaja con referencias mediterráneas locales: el mar, el azahar, las especias del comercio histórico catalán, con un criterio editorial reconocible. Ramón Monegal, desde Barcelona, propone composiciones más orientadas al lujo clásico con materias primas de alta calidad. Algunas casas más pequeñas y recientes exploran el ládano, el romero y los cítricos españoles con aproximaciones más experimentales.
El territorio español en perfumería nicho está en construcción. Esto es una limitación y también una oportunidad: hay espacio para propuestas editoriales serias que articulen una voz propia sobre un territorio olfativo todavía poco codificado.
Marruecos: la otra orilla
A menos de quince kilómetros de Europa, Marruecos produce algunas de las materias primas más importantes de la perfumería contemporánea. La rosa de Dades (Rosa damascena cultivada en el valle del Dadès, en el Alto Atlas) es una de las dos grandes rosas de la perfumería mundial junto a la rosa búlgara, con un perfil más frutal, más especiado, ligeramente diferente. La flor de naranjo marroquí produce un absoluto y un agua floral, el mazaher, que es referencia de la tradición olfativa árabe y bereber. El cedro del Atlas (Cedrus atlantica) produce un aceite esencial con un carácter amaderado, ligeramente alcanforado, muy distinto al cedro de Virginia o al himalayo.
Marruecos tiene también una tradición perfumística propia y antigua, centrada en el uso del oud, el incienso, el ámbar gris, la rosa y el agua de azahar en contextos rituales y cotidianos que preceden a la perfumería occidental por siglos. Esta tradición, más cercana culturalmente a la perfumería árabe del Golfo que a la francesa, ha sido una fuente de inspiración constante para la perfumería nicho contemporánea, que ha encontrado en el norte de África un territorio olfativo rico y poco agotado.
Casas como Maison Crivelli han construido composiciones explícitamente inspiradas en materias primas marroquíes. La conexión entre la perfumería nicho europea y los productores marroquíes de rosa, neroli y cedro es hoy una de las líneas de desarrollo más activas del sector.
El Mediterráneo como idea olfativa
Lo que une a estas tres tradiciones, italiana, española y marroquí, no es una estética común sino un repertorio de materias primas compartido: los cítricos, el azahar, la lavanda, la jara, la rosa, el incienso, las resinas, la madera de cedro. Materias primas que crecen en torno a un mar que ha sido durante milenios la ruta de intercambio entre Europa, África y Oriente.
La perfumería nicho contemporánea ha entendido que este territorio tiene valor editorial propio. No como exotismo ni como postal turística, sino como una manera distinta de relacionarse con las materias primas, con el calor, con la luz, con la densidad del aire en verano sobre una terraza con naranjos.
Hay un olor mediterráneo que cualquier persona que haya crecido en este espacio reconoce inmediatamente. La perfumería todavía está aprendiendo a nombrarlo con precisión.


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